El Sábado a la madrugada, saliendo del taller de Kizomba, mi moto no estaba. Me costaba entenderlo, como si hubiera un error en el programa, en la Matrix.
Eramos los últimos, pues, a falta de costumbre, me había quedado charlando con Meyer, el instructor de California que viaja por Asia enseñando este baile angolés.
-Dónde la dejaste? -preguntaron Mukesh, de origen Indio, dueño del café y su empleada.
-Aquí... o aquí. No recuerdo exacto el lugar, pero en esta vereda.
-¡Qué raro! Nunca ha faltado ninguna moto. -¿Y tenía que ser la mía la primera?, me rasqué la cabeza sorprendido. Algo no encajaba.
La calle estaba muy oscura y apenas se veía a lo lejos.
Caminé hacia la acera de enfrente y había 3 motos. Hasta busqué tras un camión estacionado en la vereda, como si acaso pudiera estar oculta entre los 30 cm. que lo separaban del muro.
Quizás alguien la habían guardado o, en una de esas, se habrían molestado por dejarla frente a su tienda y la habrían llevado a otro lado... ¿acaso sería posible que hasta la hubieran escondido por despecho? mmm, no aquí.
Meyer dio una vuelta con su moto, buscando por las calles aledáneas. Al cabo de unos 10 minutos no quedaba más qué hacer y me alcanzó a casa, en la otra punta de la ciudad.
-No se qué pasa... es raro todo esto. -le decía mientras él conducía parsimoniosamente -... tal vez podría haber tenido un accidente manejando y todo esto es un tipo de cuidado, en mi beneficio.
También pensé que en caso que la hubieran robado, sería karma y así, me quedé sereno, aceptando lo que pasaba.
Me desperté casi a las 10 y al mirar mi celular, un mensaje de Mukesh decía:
¨Apareció tu moto. El negocio vecino, al irse y verla en la vereda, pensó que alguien, tal vez borracho, la habría olvidado y por precaución la guardó en su tienda.¨
Suelo pensar que todo ocurre por una razón y aunque nunca se develen algunos misterios, lo mejor es recordar que en la escuela de la vida tendremos muchas pruebas, y al encararlas con una sonrisa, se la pasa mejor! 😊
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